Hay veces en que el silencio duele más que las palabras.
Esa sensación de vacío que tengo cuando no hablamos, cuando no me hablas.
Cada minuto es como un disparo al corazón, directo, sin piedad.
No es nuevo el que me esté planteando cortar toda relación, pero no sé porque soy incapaz.
Siempre he creído en que nada es imposible, pero, ¿y si hay cosas que lo son?
Como por ejemplo, que tu cambies.
La verdad es que no creo que te necesite, pero mis acciones me demuestran lo contrario.
Sé que esta situación es culpa mía, no debería haber llegado hasta este punto, pero he confiado en ti ciegamente una y otra vez, pero bueno, tu ganas. Porque supongo que es lo que querías, ganar, tener la razón, tenerme ahí para lo que quieras, y ahora no me das ni pena, me das asco.
No voy a decir que he perdido el tiempo, porque no es así. He aprendido mucho de ti, pero sobretodo a no poner todo de mi en una relación que no va a ninguna parte.