Hay trescientos sesenta y cinco días al año. Muchos de esos días son luminosos, felices, sonríes, te diviertes, vives. Pero hay otros que son oscuros, te metes en tu agujero personal y no hay quien te saque de él. Esos días son aquellos en los que te planteas cada átomo de tu ser, desde tu físico a tu personalidad. Todo, o casi todo si tienes suerte, te parece mal. Tu pelo es demasiado corto o largo, tu piel es demasiado seca o grasa, nada te sienta bien, estás demasiado gorda o demasiado delgada y podría seguir con una extensa lista de etcéteras.
Esos días son aquellos en los que más te va a costar levantarte. tu ánimo no estará para nada elevado, y buscarás a quien pueda levantarlo. Pero quieres saber algo? No necesitas a nadie más que a ti misma. Sí, así es.
Cuando te despiertes triste una mañana te tienes que recordar a ti misma que tu culo es perfecto, aunque haga mucho que no pises el gimnasio. No hay peros que valgan, es perfecto y no dejes que nadie te diga lo contrario.
Tu sonrisa ilumina la habitación, aunque esté oscura porque tu te has entestado en que esté así.
Tu mente es increíblemente guay. Sí sí, aunque creas que eres una friki y que esas cosas no le hacen gracia a nadie, eres genial.
Eres más que suficiente. No pienses en lo que haces mal, sabes que por encima de eso tienes un sinfín de cualidades por las que cualquiera mataría. No eres menos que nadie por ser menos femenina, o menos deportista, o menos aplicada. Eres mucho mucho más que suficiente para hacer y conseguir lo que sea que quieres.
Y por último, no olvides que lo estás haciendo genial en la vida. Tienes unos amigos que te quieren, una familia estupenda y, sobretodo, te tienes a ti y eso debería ser una razón lo suficientemente importante como para que disfrutes cada día al máximo.