Pero ese no es el tema.
La verdad es que estoy bastante harta de "hablar" (escribir) siempre de lo mismo, de él. Y es que lo que haga o deje de hacer ese imbécil ya me importa una mierda, así que hoy me he puesto a pensar (no os asustéis, pienso cada día) y he decidido que en mi vida no hay que haber tiempo para personas que me hacen daño o infeliz, por lo tanto, voy a hablar de otros temas, ya que el amor no es lo primero para mí.
Y ya puesta a hacer cambios también voy a hablar de cambios.
¿Realmente puede una persona cambiar el mundo?
Creo que es una pregunta muy interesante, me la han hecho muchas veces, pero hoy en especial, me ha gustado mucho mi respuesta.
Creo que todos podemos cambiar el mundo, pero tampoco nos flipemos demasiado, que ni que tuviéramos tropecientos mil millones no podríamos acabar con el hambre ni con la guerra.
Y de lo que os quiero hablar no es de dinero, ni de poder político ni internacional, sino del poder de las palabras, las actitudes, las intenciones, etc.
La verdad es que lo creamos o no, todos podemos cambiar el mundo, nuestro mundo.
Yo lo he comprobado.
Hará cosa de un año o así, si mirabas el diccionario al lado de la palabra borde salía mi foto y mi nombre en mayúsculas, negrita, subrayado y en amarillo fosforito. Vamos que era la definición de borde.
Yo me daba cuenta de que cada vez trataba peor a mis amigos y a mi familia y me sentía muy mal por ello, pero no sabía cómo salir de ese bucle y cada vez se me ía más de las manos.
Hasta que un día una amiga me dio un ultimátum, me dijo que si seguía así pronto ya no tendría amigos, porque era insoportable. Y me hizo abrir los ojos. Desde ese día soy una persona completamente distinta.
Soy mucho más positiva e intento mirar la parte buena de la vida, sé que cuesta, a mí me costó mucho.
Pero lo que me costó más fue creerme capaz de cambiar, porqué realmente cambié de un día para otro.
Os animo a que cambiéis cualquier pequeña cosa para que os sintáis mejor.
Yo no cambié el mundo, pero si mi mundo.