sábado, 13 de diciembre de 2014
People
Durante nuestro paso por este planeta, conocemos a otras personas, en realidad, muchísimas personas.
Cada una de ellas es diferente y especial, y tiene su papel en nuestras vidas.
Digamos que no todas nos hacen felices siempre, algunas hacen que lo pasemos mal, que nos sintamos tristes, decaídos, deprimidos, insignificantes, inferiores... Pero lo que muchas veces no percibimos, es que estas personas nos hacen daño, sí, pero también nos hacen aprender de nuestros errores, o de los suyos.
Estas personas llegan a nuestra vida para jodernos, aunque no lo sepamos cuando los conocemos. Hacen que les entreguemos nuestro corazón, que depositemos toda nuestra confianza en ellas, que lloremos y riamos sin razón alguna, hacen que nos cabreemos de verdad, que perdamos la paciencia y al final que los odiemos.
Pero estas personas nos recuerdan que somos personas, y por eso tenemos todo este tipo de sentimientos, aunque no sean para nada agradables.
Y como ellas sacan lo peor de nuestro ser, podemos empezar a ver lo bueno que hay en nosotros, pero no es fácil.
Necesitas sufrir mucho para saber que puedes ser feliz, porque sin sufrimiento no hay felicidad, y puede que algún día nos demos cuenta de que la vida no es un camino, la vida es una montaña rusa.
Por eso, cuando empiezas a comprender que no se puede ser perfecto, y que lo que de verdad te va a ser útil es complacerte a ti mismo y no a los demás, empiezas a valorarte.
Empiezas a ver que esas pecas no te quedan tan mal, que tu talla de pantalón es sexy y que lo que no cura la risa no lo cura nada.
También aprendes que no solo se llora por estar triste, también puedes llorar de felicidad y porque tu sonrisa es tan grande que te llega a los ojos y te hace llorar.
Pero el caso es, que no solo conocemos a personas que nos joden la mayoría del tiempo, también existen personas que te hacen realmente feliz, que pueden cambiar tu humor en una fracción de segundo, y que saben como hacerte sentir bien.
Esas personas son las que están día a día a tu lado, en los buenos y sobretodo en los malos momentos. Hacen que veas la montaña rusa un poco menos peligrosa y te dicen que no le tengas miedo, sino que la disfrutes.
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